La importación salvaje por Nahuel Krauss
“Pregunté a un hombre lo que era el Derecho. Él me respondió que era la garantía del ejercicio de la posibilidad. Ese hombre se llamaba Galimatías. Me lo comí.” (Oswald de Andrade, Manifiesto antropófago) No sería de extrañar que quien emprenda un viaje al exterior, luego de recorrer las civilizadas sociedades del primer mundo, se vea interrumpido por un pensamiento tal como: “Que lindo que es mi país”. Al menos esta fue mi experiencia. Conocí mi tierra el día en que salí de ella, tal como Oswald de Andrade, poeta y autor del manifiesto antropófago, afirma haber reconocido lo propio a través de lo ajeno. ¿Hay, acaso, otra forma de hacerlo? Se dice que los argentinos no descendemos tanto de Europa como de los barcos. Los que reniegan de esto fueron retratados por Jauretche en 1968, al titular a la decimotercera de sus zonceras argentinas "Este país de mierda”. Aborrecen el salvajismo, el hedor latinoamericano, adoran la aculturación y se entregan a ella cómoda y perezo...