Al comenzar, un Lacan sin filtro.

 I)

“No sé si habrá descubierto la relación oculta entre análisis laico y el porvenir de una ilusión. En el primero pretendo proteger al análisis de los médicos, en el segundo, de los sacerdotes.” … “quisiera entregarlo a un grupo profesional que no existe aún, que no necesitan ser médicos y no deben ser sacerdotes.” … “Los psicoanalistas de mi fantasía de futuro”.(S. Freud, carta a Pfister).

Hacer existir el psicoanálisis

La formación de los analistas futuros no se trata del futuro de los analistas sino de centrar la cuestión sobre algo que ha estado desde siempre en el psicoanálisis, tanto en Freud como en Lacan y que protagonizó casi todas las disputas que hacen a la historia y a la construcción del movimiento psicoanalítico. Una política: ¿Cómo se forma un analista? ¿Cómo llega un practicante del psicoanálisis a ser un analista?

Lacan, en el 56, tras interrogarse por lo incomunicable de nuestra práctica y por el sentido del analista como producto de un psicoanálisis, reformula una definición que había propuesto en su escrito Variantes de la cura tipo. Dice: "la explicación debe buscarse en la situación del psicoanálisis más que de los psicoanalistas. Pues si hemos podido definir irónicamente el (un) psicoanálisis como el tratamiento que se espera de un psicoanalista, es sin embargo ciertamente el primero el que decide de la calidad del segundo". De esta manera introduce un tercer elemento que permite salir de la falsa discusión: entre la teoría y la práctica, entonces, la política. Entre los acusados de teóricos y los pretendidos clínicos es la política lo que queda eludida. Quienes pretendan estar a resguardo de las internas psicoanalíticas descubrirán que lo que sucede en nuestros consultorios está sujeto al modo en que se pone en juego una política del psicoanálisis, una política que orienta el discurso, lo sepamos o no, y que tiene efectos concretos en la eficacia del dispositivo. No es el analista el que produce el psicoanálisis, sino el psicoanálisis el que produce al analista, el analista es un efecto. Cuando Freud escribe y cuando Lacan habla, lo hacen como analizantes. Es por esto que todo analista es futuro y el tiempo del análisis podría ser un “está por verse”. 

Hoy se tiende a pensar la clínica como el intento de hacer coincidir la teoría y la práctica en lugar de interrogar el dispositivo mismo, sus efectos, su puesta en marcha, si funciona y cómo. Es preciso entonces abocarse al estudio de la historia, pero no como ejercicio de pedantería fechando acontecimientos con un ideal de progreso y evolución, sino para situar y articular el momento en el que debemos tomar la palabra. Una historia sin relato nos impulsa a una posición melancólica de erudición, es el punto donde el mito no se anuda a un rito. Un relato sin historia nos enseña del sujeto posmoderno y su pretensión de autosuficiencia, de auto engendramiento. Es el rito que queda sin tocar lo sagrado, sin tocar el mito. Articular el relato a la historia y la historia al relato es un desafío al que la iniciativa de Psicoanalisis en Lengua Castellana nos convoca para introducir el cuerpo como estilo en la trama del discurso. 

La palabra nos es dada, es un legado. Nuestro tiempo siempre es después porque hay otros que han hablado antes. Cómo nos insertamos en ese discurso, lo continuamos y creamos las condiciones necesarias para que les llegue a otros es, sin duda, una tarea que nos compromete como generación. ¡Se trata de que algo pase! Que transcurra, que venza las barreras del tiempo, de lo intraducible y de las resistencias. Que suceda algo que moleste y conmueva la modorra anestésica de quedarnos hablando hacia adentro. “Temible. Solo tendremos lectores dentro de veinte años, si la banda que hoy nos lee se mantiene hasta mañana” decía Oscar Masotta a propósito de la necesidad de construir un auditorio, de interesar a otros en el psicoanálisis, en definitiva, de situar algunos analistas en el horizonte futuro. 

II)

¿Qué era la política para Masotta, según lo que pudo escribir sobre la misma? Una forma de encarnar la palabra, de volver consistente un discurso, de sobreponerse a la sospecha de la impostura y saberse fuera de los designios de la locura. (G. García. Oscar Masotta y el psicoanálisis castellano) 

De nuestros antecedentes

Estudiar la historia del psicoanálisis tiene, en principio, un efecto claro: des-idealiza. Conocer su historia es el camino que emprende cualquier pueblo en su intento de descolonización. En La entrada del psicoanálisis en la Argentina, Germán García dedica a Masotta “el retorno del psicoanálisis a nuestra lengua y el pasaje de algunos al psicoanálisis”. El epílogo citado en este apartado es del libro Oscar Masotta y el psicoanálisis castellano, titulo en el que falta, entonces, la preposición en que hace al nombre de nuestro proyecto. El psicoanálisis entró en la argentina, pero queda por indagar cómo entra a la Argentina en las condiciones de nuestra lengua castellana del Río de la Plata, de sus particularidades. La preposición interroga la relación entre términos al igual que el estilo, que intenta producir diferencia. ¿Cómo se pasa a otra cosa si hay falta de objeto? La venganza es la verdad de la melancolía frente a esa imposibilidad, mientras que el estilo es un semblante posible. Incorporar la antecedencia para poder hacer otra cosa es lo que plantea Carlos Quiroga en Cadáver insepulto: venganza y muerte. Las buenas interpretaciones al igual que las buenas películas, se repiten empujando el decir. 

En un ciclo de charlas, Ricardo Piglia comenta que empezó a analizarse por una inhibición para hablar en público, y agrega que el psicoanálisis nunca terminó de solucionar eso pero sí le permitió poder bailar. Interrogar la política del psicoanálisis en nuestra lengua es también poder tomar esa otra cosa que nos saca de la impostura del ser… psicoanalistas. 

 Borges reformula la idea de centro y periferia. Nos invita a pensar los márgenes, ya no desde nuestra condición periférica -que efectivamente tenemos en nuestra relación a lo central-, ya no como un margen que se orienta hacia el centro en términos de constituirse él mismo la centralidad de vaya a saber qué nuevo mundo, sino para pensar la potencialidad misma de la periferia. Desde la periferia se trata de tener a mano toda la tradición universal, toda la literatura universal. ¿Para qué apropiarse de toda la tradición? Para inventar la propia. Si uno se desprende de cierto nacionalismo de creer que nuestra tradición de "lengua española rioplatense" estaría dada, si evitamos esencializarla en un sentido trascendental y hasta metafísico, no incurriríamos en el error de creer que el problema radica en su negación tanto más que en la imposibilidad de su constitución efectiva. Construir una tradición argentina en literatura, filosofía y, precisamente, psicoanálisis, y establecer sus modos de apropiación y determinación, está en el corazón del problema de cómo esta operación fallida tiene efectos directos en la producción y la transmisión. Desde la potencia periférica es posible, entonces, servirnos de toda la tradición universal para pensar y construir nuestra propia tradición. Pensar nuestra antecedencia y nuestro pasado, y volverlo argentino. 

Es muy distinta esta época en la que abundan las publicaciones de Lacan y sobre Lacan que la de Masotta y quienes lo acompañaban, que contaban con unas pocas traducciones de algún seminario y de ciertos escritos. Sin embargo, nada de esto está formalizado, no hay aún una tradición psicoanalítica, y somos nosotros quienes intentamos construirla ocupando el lugar histórico que nos corresponde. Hay dos posibilidades: continuar o inventar. Por supuesto, toda invención se desprende de una repetición, de una diferencia en la repetición. Es tiempo de inventar algo nuevo y ese invento debe darse en forma colectiva. El conflicto que supone la formación del analista es un conflicto que tanto Freud como Lacan enfrentaron. Lacan fundó su Escuela como intento de respuesta, y también la disolvió. Lo cierto es que Lacan falleció hace décadas y somos nosotros, ahora, quienes transportamos ese conflicto.

III)

“Creo que el análisis peca de la calamidad hereditaria de la virtud; es la obra de un hombre demasiado correcto que se siente obligado por lo tanto también a la discreción… La discreción no se concilia, por lo tanto, con la exposición de un psicoanálisis; se necesita volverse un mal sujeto, transformarse, renunciar, comportarse como un artista que compra pinturas con el dinero del gasto de su mujer, o que hace fuego con los muebles para que no sienta frío su modelo. Sin un poco de esa calidad de malhechor no se obtiene un resultado correcto”. (S. Freud, carta a Pfister).

El deseo de Freud: ¿el inconsciente de Lacan?

Por momentos los psicoanalistas tenemos una fantasía infantil: creer que el psicoanálisis, como los niños, viene de París, olvidando que Freud hablaba alemán. Al contrario del niño muchos analistas no se cuestionan de dónde vienen las cosas, si lo hicieran se encontrarían con aquello a lo que apunta aquel interrogante: el deseo que los hizo nacer, para así romper las identificaciones miméticas y la reproducción obscena de términos sin incorporación alguna. 

El deseo de Freud parece no esquivar el barro, no hace falta más que ubicar algunas secuencias con sus pacientes para captar que no le faltaba sadismo. Siempre hay algo de impuro en su obra, aún cuando sueña con el estatuto científico del psicoanálisis para desprenderlo de la medicina. En 1913 escribe El interés por el psicoanálisis -título llamativo, puesto que no dice “el interés del psicoanálisis”- donde nombra todas las disciplinas que se ven interesadas por el psicoanálisis: la filosofía, la literatura, la biología, etc. Sin embargo, hacia el final de su obra encontramos, pese al intento de formalización, un texto como Psicoanálisis y telepatía, más cercano a la magia. Hay entonces cierta cuestión impura que resulta constante en la obra de Freud.

Cuando Lacan plantea el campo freudiano hace una intervención precisa para resguardar el psicoanálisis de la IPA -de la cual fue expulsado- cuyo aforismo queda plasmado en Vincennes en 1977. En esa misma ponencia advierte que “el inconsciente no es de Freud sino de Lacan”, mientras que algunos años antes había subrayado algo parecido al ubicar el campo lacaniano en el Seminario 17. ¿Qué efectos dentro del lacanismo produjo aquella operación? Tal vez la de un juego de palabras que cae al vacío cuando analizamos como si estuviésemos en París, por homofonías… 

La lengua castellana no establece dicha facilitación, además borramos y descuidamos el sentido sexual que el síntoma siempre ha tenido para Freud, desexualizando el psicoanálisis mismo, es decir cabría pensar si la formalización misma dentro del lacanismo no ha contribuido al borramiento del síntoma como práctica sexual. Por último, si la transferencia es de la lengua queda por indagar la importación y exportación de saber, puesto que se trata de una economía –política-.

IV)

El movimiento: 

*Psicoanálisis en lengua Castellana* - El movimiento pondrá en funcionamiento diferentes dispositivos que se irán conformando por los participantes en articulación con los coordinadores del espacio. Será obligatoria la participación de la reunión general que se realizará con una frecuencia mensual de forma mixta a saber: presencial/virtual x vía zoom. Los otros dispositivos se instalarán con la conformación del grupo respecto de las orientaciones teóricas que se establezcan en las reuniones generales. Ciclo de charlas, jornadas, podcast, publicaciones, presentaciones y discusiones de libros, entrevistas, serán algunas de estas modalidades que se impulsarán favoreciendo la amplificación y discusión de las lecturas que se vayan generando.

Nos proponemos pensar la particularidad del ejercicio del psicoanálisis en nuestra lengua, cuáles son las dificultades y que es necesario saber de la materialidad del castellano a la hora de pensar el psicoanálisis acá. Para eso es necesario interrogar de dónde vienen las cosas los efectos de traducción de otras lenguas a la nuestra, conocer la historia y desde ahí trazar un horizonte de expectativa futuro. Estos serán algunos de los ejes que se ampliarán en la charla de inicio informativa.


Comentarios

  1. Muy interesante lo de la "materialidad" del castellano para desarrollar el psicoanálisis. El español es una lengua que lucha contra ella misma. Los términos franceses desde hace tiempo parecieran que se acuñan a la teoría. Podríamos pensar en la homofonía como si no fuera propiedad exclusiva de la lengua meridional. Es una tarea de la etimología, disciplina que hurga en las palabras con sonidos parecidos y fáciles de acuñar entre sí. Gracias por la tarea.

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  2. Tremendo texto, arrollador! clarificador, veo mencionado a Masotta y a la historia del Psa en Argentina que nadie recuerda ( ni yo misma lo recordaba, habiéndolo leido hace años) . Reparar en las diferencias entre las lenguas francesa, castellana y alemana, me parece muy interesante, pero mas interesante , aún, me pareció rescatar el borramiento del sentido sexual del síntoma en Freud. Menudo recorrido! han planteado Aca entusiasmada, leyendo esta propuesta .

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