Mímesis y contagio por Florencia Abadi
I “Los filósofos son particularmente refractarios a la acción hipnotizante y muy poco imitadores por naturaleza. Es su rasgo distintivo”, afirma Gabriel Tarde. Lejos del discernimiento intelectual y la autonomía que se le atribuyen al pensador, la acción de imitar exige salir de sí, aflojar los límites de la individualidad, entregarse al objeto imitado e incluso al ridículo. En este sentido, la tradición ha dispuesto desde siempre quiénes son aquellos imitadores por naturaleza: los niños, los idiotas, las mujeres –sobre todo las histéricas–, los indígenas. “Sé un hombre y no me imites”, advertía Goethe a los lectores del Werther, con éxito nulo. Como percibe Tarde, la imitación supone sugestión, hipnosis, maleabilidad. No es extraño entonces que el pensamiento ilustrado se haya encarnizado desde siempre contra ella, y aún más teniendo en cuenta que no puede descartarla. En efecto, la mímesis es el callejón sin salida de la Ilustración: la capacidad de imitar del niño no rem...